El centro de Portugal es para venir con una ruta en mente y acabar haciendo alguna parada de más. Para callejear por Coímbra, asomarte a los paisajes de la Serra da Estrela y entrar en una aldea de piedra solo por curiosidad… y quedarte a pasar la tarde.
Aquí caben los días de montaña, el pelo revuelto por el viento del Atlántico y las sobremesas en las que nadie tiene prisa por levantarse. Lo difícil es elegir cuánto tiempo dedicarle a cada lugar.
Ven con ganas de recorrerlo y deja hueco para improvisar. Ese desvío que no tenías previsto puede acabar siendo lo primero que cuentes al volver.